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¿Famoso por qué? Por qué acotar tu posicionamiento hace más fuerte tu marca

Isaac Newton fue un mago.

Y no lo dijo ningún místico del siglo XVII, sino John Maynard Keynes, el economista británico que revolucionó el pensamiento económico moderno. En 1936, Keynes adquirió en una subasta de Sotheby’s una gran cantidad de manuscritos inéditos de Newton. Lo que descubrió fue sorprendente. Una parte importante de las notas de Newton no estaba dedicada a la física ni a las matemáticas, sino a la alquimia: la transmutación de metales, la piedra filosofal y el elixir de la vida. Newton se sumergió durante décadas en estos estudios, escribiendo en lenguaje cifrado e inventando sus propios símbolos. Creía en una sabiduría antigua, prisca sapientia, que contenía las claves del orden divino y de la transformación de la materia.

Y sin embargo, recordamos a Newton como el padre de la física moderna: el hombre que explicó la ley de la gravedad y formuló las leyes del movimiento que sentaron las bases de la mecánica clásica. ¿Por qué?

La mente simplifica lo que recuerda

Nuestra mente no está hecha para retener la complejidad de una vida. Extrae, condensa y resume. Elige un hilo narrativo, el que mejor encaja con lo útil, lo relevante culturalmente o lo emocionalmente claro, y deja que el resto se desvanezca. El legado de Newton como físico eclipsó su faceta alquímica porque ofrecía algo revolucionario, tangible y oportuno. La Europa ilustrada tenía hambre de orden científico, no de secretos esotéricos. Y las ideas de Newton respondían justo a esa necesidad.

Pero esto no les ocurre solo a las figuras históricas. Nos pasa a todos.

Llevamos vidas profesionales multifacéticas. Cambiamos de rol, exploramos pasiones, cruzamos dominios. Escribimos, enseñamos, asesoramos, invertimos, acompañamos. Y aun así, si hay suerte, el público recordará una sola cosa sobre nosotros. No es injusto. Es simplemente cómo funciona el cerebro humano.

Déjame darte un ejemplo. Hace apenas unos días recibí una llamada de un periodista a quien conocí durante mis años en Nissan. En aquel entonces, habíamos forjado una relación muy cercana. Pero con el paso del tiempo y mi paso a la consultoría independiente, fuimos perdiendo el contacto. Su llamada fue inesperada y cordial, pero hubo algo que me dejó desconcertado. Al cabo de unos minutos, me preguntó: “¿Volviste al marketing?”

Le respondí: “Nunca me fui.”

Se sorprendió. “Ah… yo pensaba que seguías con la fotografía artística.”

Me llamó la atención. La fotografía fue un proyecto personal intenso durante unos años, una afición seria, pero nunca fue mi profesión. Y sin embargo, en su mente no había espacio para las dos versiones de mí: el estratega de marca y el fotógrafo de arte. Solo una había sobrevivido.

Tu posicionamiento no es toda tu historia

Eso es, en realidad, lo que significa posicionarse. No se trata de contar toda tu historia. Se trata de elegir la parte que otros podrán recordar, repetir y asociar con valor.

Si quieres que tu marca personal trabaje a tu favor, necesitas hacerte esta pregunta:

“¿Famoso por qué? ¿Famosa por qué?”

Esa pregunta no es un atajo hacia la fama superficial. Es una reflexión estratégica sobre qué faceta de tu propuesta de valor es más probable que el mundo recuerde y considere útil. El posicionamiento no es una descripción exhaustiva de todo lo que eres. Es la señal que decides amplificar, el lugar que eliges ocupar en la mente de los demás.

¿Cómo elegir esa señal?

No preguntando qué te entusiasma más. Eso sería demasiado centrado en ti.

Tampoco listando todos tus logros. Eso sería demasiado difuso.

La pregunta correcta es:

¿Qué aspecto de mi valor encaja mejor con la historia que el mundo está preparado para escuchar?

Así como la física de Newton se convirtió en su historia definitoria porque encajaba con el espíritu de la Ilustración, tu marca ganará tracción cuando la versión de ti que el público recuerda se alinee con sus necesidades, su lenguaje y sus prioridades.

Esto no significa que tengas que traicionar tu complejidad. Pero sí debes orquestarla. Una marca personal fuerte no niega la riqueza de lo que eres. Simplemente elige una idea por la que quiere ser recordada, y se asegura de que esa idea sea entregada, recordada y valorada de forma consistente.

Así que piénsalo bien. No puedes decidir qué recordará la gente sobre ti.

Pero sí puedes influir en lo que es más probable que recuerden.

Y ahí es donde está tu poder.

 
 
 

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